Los árboles que necesitaremos mañana empiezan a crecer hoy.

El Vivero Coyoacán es una fábrica de árboles. En ellos crecen la sombra, el refugio y las condiciones que ayudan a sostener la vida.

Aquí caminamos, corremos, aprendemos y nos encontramos. Compartimos un espacio que recibimos gracias al trabajo y al cuidado de quienes nos precedieron. Recibirlo nos compromete.

Miguel Ángel de Quevedo entendió que cuidar los bosques era cuidar el agua, el suelo y la vida de las comunidades. Esa tarea continúa entre generaciones.

Nos corresponde darle continuidad.

Esta responsabilidad conecta a Coyoacán con la Ciudad de México, la zona metropolitana, el país y el mundo. Los árboles, el agua, el suelo vivo y los ambientes saludables responden a una necesidad universal. Sus beneficios deben estar al alcance de todos.

Queremos contribuir desde aquí con conocimiento, colaboración y un ejemplo de cuidado que otras comunidades puedan hacer suyo.

Nos comprometemos a conocer, valorar y cuidar el Vivero Coyoacán: por su historia, por quienes nos lo legaron y por la responsabilidad de entregarlo vivo a las próximas generaciones.

Colaboramos con quienes sostienen su labor. Damos seguimiento a nuestros acuerdos y compartimos nuestros avances. Hacemos del cuidado una práctica de todos los días.

Todos Somos Viveros Coyoacán.
La tarea continúa con nosotros.

Miguel Ángel de Quevedo: una visión más allá de Coyoacán

Miguel Ángel de Quevedo, con sombrero oscuro y barba blanca, al centro de la imagen, acompañado por un grupo que examina un documento.

[Crédito del archivo o colección por confirmar]

Miguel Ángel de Quevedo (1862–1946 ) convirtió su conocimiento y determinación en una tarea de vida: proteger los bosques y llevar árboles a las ciudades. Entendió que cuidar la vegetación era cuidar también el agua, el suelo y la salud de las personas.

Su trabajo fue mucho más allá de Coyoacán. Impulsó la reforestación en distintas regiones de México, la educación forestal y la protección de los bosques. En Veracruz promovió la plantación de vegetación para frenar el avance de las dunas que afectaban al puerto. En 1909 llevó sus ideas a la Conferencia Norteamericana de Conservación de Recursos Naturales, en Washington.

Fundó la Sociedad Forestal Mexicana y contribuyó a impulsar la primera Ley Forestal de México, en 1926. Durante décadas buscó apoyo entre autoridades, especialistas y ciudadanía. Trabajó con distintos gobiernos y enfrentó obstáculos políticos y falta de recursos para sostener sus proyectos.

La inspiración de Somos Viveros Coyoacán

El Vivero Coyoacán es una expresión viva de esa perseverancia. Su ejemplo inspira a Somos Viveros Coyoacán a unir conocimiento, participación y cuidado, colaborar con quienes sostienen la labor del Vivero y dar continuidad a nuestros compromisos.